El inconsciente es fundamental para el día a día, define lo que podemos hacer y ser, y el ejercicio fundamental es aprender a integrarlo para nuestro bienestar.
¿Cómo puedo integrar mi inconsciente?, ¿Cómo saber más de él?
Para eso hablaremos de la comunicación no verbal o corporal.
En muchas situaciones de tu vida tendrás un conflicto interno entre lo que debes hacer y lo que verdaderamente necesitas. Por ejemplo: estás en una reunión de trabajo o familiar y alguna persona dice algo que en verdad te molesta. Aunque quieres defender tu punto de vista, te autocontrolas y evitas una confrontación para conservar el ambiente que se está viviendo, más el malestar queda contigo. ¡Aquí haces lo que debes por encima de lo que necesitas!
Mientras todo esto pasa, algunas personas que te conocen bien saben que algo te pasa, lo perciben, más a veces no entienden cómo saben ello, y la respuesta a cómo lo saben es la comunicación no verbal… Esta refiere a nuestros tonos de voz, posturas corporales y gestos, ello habla de nuestras intenciones en la comunicación y para algunos estudiosos del tema corresponde al 70% de la información que se percibe mientras comunicamos. Nuestras palabras tan solo equivalen a un 30% de dicha información que se comparte. ¿No te parece muy interesante?
Si volvemos al episodio de la reunión familiar, quién te conoce comienza a notar que cruzas los brazos, que pierdes interés en la conversación, que frunces el ceño y a la vez dejas de reir, mientras te esfuerzas por mantener el control de tu enojo. Si es verdad, haces lo que debes, más la verdad de lo que te pasa se expresa en el cuerpo… Si, tu inconsciente se manifiesta a través del cuerpo. ¡Allí se ve tu verdad, tu verdadera intención!
Para integrarte con tu inconsciente, una de las grandes tareas será observar tu cuerpo, aceptar los cambios que este debe realizar frente a las experiencias que vive, y aceptar su reacción, para así intentar ser coherente, integrar lo que siento con lo que pienso. Por más que quiera negar mi tristeza o mi molestia, observo mi cuerpo, miro lo que necesita e intento negociar para dárselo… Volviendo al ejemplo: quizás, sobre el comentario que no me cae bien, pido la palabra, hago un chiste o entrego mi punto de vista y a la vez evito un conflicto, las dos cosas al mismo tiempo, lo que debo y lo que necesito. ¿Te gustaría intentarlo?